Geriátricos: los ancianos en los hogares extrañan mucho a sus familias

Entrar a un hogar de abuelos deja un cierto sabor de amargura y emoción. Allí están ellos, algunos sentados en el parque hablando entre sí, otros acomodando su ropa mientras esperan que los llamen para almorzar y el resto aguardando la visita de algún familiar, que seguramente no llegará.

Quienes allí trabajan no recomiendan a las familias llevar a sus padres o abuelos a una residencia porque lo que ellos más quieren es estar con sus hijos y nietos dentro del entorno familiar.

“Sufren mucho, sobre todo cuando llegan. Igualmente los contenemos y tratamos de que sean felices, pero el tema es que ellos extrañan a su familia. Lo bueno es que en las residencias encuentran amigos y se apoyan mutuamente porque todos atraviesan por lo mismo”, explicó a El Tribuno una mujer que trabaja en una de las residencias que el diario visitó, y añadió: “A quienes están pensando en llevar a sus familiares a un hogar les diría que no lo haga. El adulto mayor debe permanecer junto a su familia, eso es algo irreemplazable para cualquier persona. Los abuelos deben morir rodeados de sus afectos, del cariño de su familia”.

En la ciudad de Salta existen 19 residencias y un geriátrico privado, y habitan en éstos 297 personas, de las cuales el 76% son mujeres. Conforme indican los datos estadísticos procesados por la Dirección de Gerontología del municipio, el 60% de los ancianos llega por una decisión familiar, basada en el agotamiento del cuidador.

La diferencia entre éstos reside en que el segundo cuenta con un servicio de alta complejidad que brinda cuidados especiales y atención médico-geriátrica, y se focaliza en ancianos que padecen enfermedades. En cambio, las residencias son instituciones no sanatoriales que se dedican a albergar, alimentar, asistir socialmente e higienizar a personas que superan los 60 años. También se les brinda atención médica y psicológica.

La mayoría de los adultos que ingresan se encuentran dentro de la franja etaria que va desde los 71 años hasta los 80; la segunda franja que más ancianos agrupa es de 81 a 90 años.

María Esther dedica su vida al cuidado de las personas adultas. Ella tiene un hogar y afirma con tristeza que no le gusta el rol que la sociedad hoy en día les da a los abuelos, refiriéndose a la falta de respeto, tolerancia y, sobre todo, indiferencia que sufren cuando llegan a cierta edad. Sostiene que “los hogares son una especie de jaulas de oro. Tienen comida, un lugar para dormir, pero les falta lo más importante: el afecto y el amor de la familia”. Los mismos sentimientos manifiesta compartir la señora Arias, quien administra el Hogar Santa Ana, ubicado en villa Mitre. “Me fascina lo que hago. Es una gran satisfacción cuando uno ve cómo van superándose los abuelitos a partir de uno meses desde que ingresan al hogar. Se observan notables cambios en el estado emocional y físico de los abuelitos”, dijo.

En diálogo con este medio, la directora de la Dirección de Gerontología de la Municipalidad, Claudia Medrano, explicó que “los controles sobre las residencias se realizan de manera continua. Controlamos el estado de los hogares, la limpieza en las cocinas y baños y el tipo de alimentación que están recibiendo los adultos mayores. Se trabaja en coordinación con otras áreas municipales y provinciales y todas intervienen para que se garantice el cumplimiento que exigen las normas. Se formó un equipo multidisciplinario a través del cual se trabaja no solo en los aspectos de higiene y habilitación, sino también sobre los aspectos psicológicos y emotivos de los adultos mayores”.
 

Fuente: ElTribuno

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